Educación

EDUCAR EN LA COMPASIÓN


Por: Analía Zamudio Carrera

Más allá de la empatía, la compasión es el sentimiento de tristeza que se tiene ante el padecimiento de otra persona y que nos impulsa a querer aliviar ese dolor tratando de remediarlo o evitarlo. Es uno de los sentimientos más profundos que nos mantiene conectados con la esencia humana y con ese espíritu de querer ayudar a los demás. ¿Cómo desarrollar en nuestros hijos la compasión?

¿La compasión es un valor humano? Si, los valores son todas aquellas cualidades que nos hacen trascender como personas humanas y que forman parte de nuestra integridad, nos ayudan a tener una mejor relación con la sociedad, pero también con nosotros mismos. Los valores humanos los va aprendiendo el niño desde el momento de nacer a través de su convivencia con la familia y la gente cercana, lo que hace en la vida escolar es reforzar esos aprendizajes y poner en práctica sus propios valores. Es por eso que no debemos dar todo el peso de la educación en valores solo a la escuela, es simple: los valores se maman. Un niño sabrá lo que es el respeto, la honestidad, la solidaridad y la compasión, si en su familia le han enseñado a serlo, y la mejor forma de enseñarlo es practicándolo.

En el caso de la compasión, es un sentimiento complejo que muy probablemente el niño comienza a desarrollar a partir de los 4 o 5 años, puede ser que antes, pero en cuestión a su nivel de pensamiento, el niño más pequeño está envuelto en un egocentrismo que algunos autores del desarrollo lo toman como una «dificultad» de ver más allá de su propio punto de vista (Jean Piaget), mientras que otros consideran ese egocentrismo como una condición previa y necesaria a un desarrollo intelectual superior (Lev Vigotsky).

En el día a día hay muchas posibilidades en las que los niños pueden poner en juego e ir desarrollando sus valores, en especial la compasión, algunas ideas pueden ser:

  1. Agradecimiento. Independientemente si practicamos una religión o no, enseñar a los niños a ser agradecidos les ayuda a valorar lo que tienen y sentir pena por las personas que no gozan de lo que ellos ahora pueden disfrutar, desde agradecer por tener una casa, unos lindos zapatos, por tener un paraguas que nos cubre de la lluvia o tener un carro que los puede llevar a la escuela les estamos inculcando humildad y empatía por los que no tienen. Eso puede ser un buen hábito diario.
  2. No los hagamos indiferentes al ver a una persona desafortunada por la calle, ya sea un indigente, niños en los semáforos, personas que piden limosna, etc., podemos ayudarles a entender por qué están ahí preguntándoles: ¿que hacen ahí? ¿dónde crees que duermen? ¿dónde estarán sus padres? ¿te gustaría hacer lo mismo que ellos? ¿qué ayuda necesitarán? el darse cuenta que hay gente que tiene una realidad diferente a la de nuestros pequeños les aportará sensibilidad ante el sufrimiento humano y querrán hacer cosas para ayudarlos.
  3. Ante situaciones o contigencias debido a desastres naturales (temblores, inundaciones, incendios), involucrarlos en lo que sucede, explicándoles hasta donde ellos puedan comprender e invitándolos a hacer donaciones en especie o monetarias también ayuda a que se sientan compasivos con los demás.
  4. Colaborar en asociaciones civiles que apoyan a personas o niños vulnerables es una forma de hacer que los pequeños estén más en contacto con su sentimiento de compasión. Muchas asociaciones civiles tienen acciones específicas que los involucra directamente con las personas beneficiadas, esa cercanía ante diferentes problemas (de salud, de falta de vivienda, ausencia de padres, etc.) les ayuda, de nuevo, a valorar lo que tienen en su vida y buscar desde sus posibilidades formas de aminorar la situación, incluso dándose cuenta que con brindarles un poco de su tiempo y alegría, las personas desafortunadas podrían ser un poquito más felices.

¿Qué piensas?